23 – El palacio de La Granja de San Ildefonso y su entorno, Segovia

15 de abril de 2020.

Hay lugares que al visitarlos nos dejan un recuerdo indeleble, que atesoramos como experiencia vital que jamás querríamos olvidar y a la cual regresamos en silencio, desde donde quiera que estemos.

Esto es lo que me sucede a mí con los jardines del Palacio de La Granja..

Debo confesar que el Palacio mismo, aunque reconozco sus valores, me dice poco. Es un Versalles menor y para Versailles basta con uno. Reconozco que siento poca simpatía por los borbones, con la exclusión de Carlos III cuyos esfuerzos por implantar ciertas ideas de la Ilustración aprecio. Ah, pero los jardines de La Granja, esos sí son inolvidables para mí..

Como estamos aquí no por la presencia de ningún antepasado, sino porque parecía mezquino de mi parte privar a quienes acompañen este viaje de un paseo por San Idelfonso, empiezo con un poquitín de historia..

A las faldas de la Sierra de Guadarrama, a apenas 11 Kms. de Segovia y 80 al norte de Madrid se encuentra el Sitio Real de San Ildefonso. Felipe V comisionó en 1721 la construcción de este palacio siguiendo el estilo del Palacio de Versalles que había hecho construir su abuelo Luis XIV de Francia..

..Real Fábrica de Cristales de la Granja. En 1727 Felipe V estableció en La Granja una fábrica de cristales a cargo del artesano catalán Buenaventura Sit para manufacturar los espejos y cristales que se necesitaran en el palacio..

En 1822 la dirección de la fábrica pasó a Bartolomé Sureda y Miserol que había sido con anterioridad director de la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro y la Real Fábrica de Loza de la Moncloa..

La tradición de creación de objetos de cristal y porcelana se mantiene hoy en la Fundación Nacional de Porcelana..

Los jardines tiene fuentes espectaculares, pero mis recuerdos están ligados a monumentales árboles específicos que me han demostrado su amistad.

.En una de las visitas a La Granja, llevando a un grupo de maestras estadounidenses, que participaban en uno de los cursos de literatura infantil en español que dirigí por varios veranos en la Universidad Complutense de Madrid estaba sufriendo de un terrible ataque de ciática, algo de lo que padecí por mucho tiempo.

Al final de la visita estaba asustada de no poder caminar la distancia algo larga, que a mí me parecía insalvable, entre el edificio y la carretera donde nos esperaba el ómnibus..

Varias de las maestras me ofrecieron apoyo y así sosteniéndome en ellas empecé el camino; pero sentí la invitación de uno de los inmensos abetos en el jardín anterior. Un árbol altísimo cuyas ramas llegaban al suelo cerrando un espacio circular alrededor del tronco. Les rogué a las buenas samaritanas que me sostenían que me llevaran hasta allí, me ayudaran a pasar entre las ramas y me dejaran junto al tronco..

De pie, con la espalda recostada contra el grueso tronco, le pedí a ese árbol, que compartiera conmigo algo de la energía que le ha permitido sobrevivir varios siglos. Poco a poco el espasmo de mi espalda se fue relajando a medida que el dolor desaparecía..

¡Qué cara de sorpresa la de las maestras cuando me vieron salir de entre las ramas del abeto, caminando derecha, libre y sonriente!

He vuelto varias veces a visitar al árbol, a agradecerle su ayuda de aquel día y su majestuosa belleza que estoy segura admira e inspira a muchos, como me ha inspirado a mí. Y con frecuencia le envío mi pensamiento agradecido. Y es, por ese árbol, que me he desviado en el recorrido porque nunca he estado en Segovia sin ir a verlo. Y me da gusto compartirlo con ustedes..

.Aunque no tengo una foto de “mi árbol amigo” este es un árbol similar aunque, por el grosor del tronco, y porque las ramas no llegan hasta el suelo, debe ser mucho más joven..

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