40 – Benavente

Ciudad que presenció la unión definitiva y sin sangre de los reinos de León y Castilla lograda por la sensatez femenina

2 de mayo de 2020.

Fachada de cinco ábsides de la de Iglesia de Santa María del Azogue

La ciudad de Benavente se encuentra situada sobre una cikuba eb el centro de una gran llanura a unos 65 kms. al norte de la provincia de Zamora, al lado del río Órbigro.

Su ubicación es privilegiada pues se encuentra en un cruce de caminos y de la unión del cauce de tres río, Órbigo, Esla y Tera.

Antes de la invasión de los romanos, estaba habitada por la tribu astur de lo brigecienses.

Los romanos la sitúan en el Conventus luridicus Asturum cuya capital era Asturica Augusta. Durante la época visigoda seguirá dependindo de este núcleo.

Durante el dominio de los suevos se la llamaba Ventoda hasta el siglo XII donde toma el nombre de Malgrat. Este denominación aparece en el primer testimonio escrito encontrado en que se menciona a Benavente, en una donación en 1115 hecha por la reina Urraca a la iglesia de Compostela, que escritura “in Castro quod dicitur Malgrado. En 1158 otro documento menciona la intención de Fernando II de poblar el alcázar de Maldrag.

En 1164, Fernando II de León, le concedió un fuero, reunió cortes en la fortaleza de la vida, repobló de gentes el terreno, e incluso llegó a morir en Belmonte.

Después de la muerte de Fernando II de León los reyes Alfonso IX y Alfonso X, el Sabio, siguieron ayudando al crecimiento de Benavente por medio de privilegios y mercedes.

Al morir Alfonso IX de León, Benavente será escenario en 1230 de la unión definitiva de las coronas de Castilla y León, por medio del acuerdo conocido como la Concordia de Benavente.

El rey Alfonso IX de León contrajo matrimonio en 1190 con Teresa de Portugal. Tuvieron un hijo, Fernando, que murió joven, y dos hijas Sancha y Dulce. A pesar de los hijos, el papa Celestino III disolvió el matrimonio por la consanguinidad de los cónyuges, ambos nietos de los reyes de Portugal Alfonso y Mafalda.

Teresa ingresó en un convento y Alfonso IX de León se volvió a casar, en 1197 con Berenguela, hija de Alfonso VIII, rey de Castilla. De este matrimonio nacieron cinco hijos: Leonor, Constanza, Fernando, Alfonso y Berenguela. Este matrimonio fue disuelto por el papa Inocencio III por el mismo motivo de consanguinidad, pues Alfonso IX de León era primo del padre de Berenguela, pues ambos eran nietos de Alfonso VII de León y Berenguela de Barcelona.

Alfonso VIII de Castilla murió en 1214. Su sucesor fue su hijo Enrique, que murió en un accidente en 1217 sin dejar descendencia. La corona de Castilla fue ocupada por Fernando, hijo de Alfonso de León y de Berenguela de Castilla.

A pesar de que los reyes de León y de Castilla eran padre e hijo, las relaciones entre los dos reinos no fueron pacíficas y cuando muere Alfonso IX de León, en 1230 dejó en su testamento dispuesto que su reino debía pasar a las dos hijas, Sancha y Dulce, de su primer matrimonio, a pesar de que había hecho el compromiso de dejar como sucesor a Fernando.

El reino de León se dividió en dos bandos. Los que apoyaban a Fernando tenía el apoyo del reino de Castilla. A las infantas las respaldaba la orden de Santiago a quien el rey le había dejado el lugar de Castrotorafe, con el compromiso de apoyar a Sancha y Dulce.

Frente a la amenaza de una guerra las dos exmujeres de Alfonso VII de León, Berenguela de Castilla y Teresa de Portugal se reunieron en Valencia de San Juan, para buscar una solución pacífica.

En acuerdo que se firmó el 11 de diciembre de 1230, pasó a ser conocido como Concordia de Benavente, por haber sido firmado en esa ciudad. Por este acuerdo las infantas Sancha y Dulce renunciaban a sus derechos al trono de León y, a cambio cada una recibiría de por vida una docena de señoríos, que les proporcionarían una renta anual de 15,000 maravedíes, que se reducirían a 10,000 si entraban en un convento, o serían suspendidos si se casaban.

Fernando III, rey de Castilla desde 1217 fue coronado rey de León en 1230 y así quedaron unidos definitivamente los dos reinos.

La villa cayó en decadencia hasta que Sancho IV fomentó su engrandecimiento en 1285, ofreciendo franquicias a nuevos pobladores.

El rey Pedro I entregó en 1352 la villa a Don Fadrique, su hermano, a cambio de que no lo atacase.

En 1398, el rey Enrique III fundó el Condado de Benavente, que le fue otorgado como titular a Juan Alonso Pimentel, Adelantado Mayor del Reino de León y Comendador de Castrotarafe de la Orden de Santiago. En 1473 el Condado fue elevado a Ducado. El primer duque fue Rodrigo Afonso Pimentel. Los Pimenteles constituyeron una importante familia nobiliaria hasta finales del siglo XIX. Durante la época de los Austrias algunos de sus miembros llegarían a ser virreyes de ultramar y de Nápoles.

Benavente sufrió mucho por la invasión napoleónica durante la cual desaparecieron muchos de los tesoros artísticos de la ciudad.

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